EL ÚLTIMO LATIDO DEL CAMPANARIO
En la llanura donde el viento no calla,
se alza la iglesia de Gomeznarro
de ladrillo humilde y siglos callados,
mirando despacio el paso del tiempo.
Nació mudéjar, roja como la tierra,
con arcos que aprendieron a rezar,
y campanas que sembraban la tarde
bajo la sombra tibia de San Nicolás.
Hoy sus muros ya no susurran
gimen.
Las rajas le cruzan el pecho
como herida abierta en silencio,
cada grieta es un aviso,
una súplica que sube por la torre
y se pierde entre nubes indiferentes:
“Si nadie me sostiene, caeré
como cae la memoria
cuando se olvida”.
Y, sin embargo, aún en ruinas
late despacio bajo el polvo,
esperando unas manos, una mirada,
alguien que escuche en sus paredes
rotas
el corazón antiguo de un pueblo.
24 de febrero de 2026 Lorenzo Rodríguez Calvo
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